Preguntas más frecuentes

¿Cómo comenzó su pasión por la lectura? ¿Qué libros leía entonces?

Mi pasión por la lectura comenzó antes de que supiera leer. A todos pedía cuentos. Me recuerdo con un libro en las manos buscando quién me lo leyera. Soñaba con aprender a descifrar los garabatitos negros que estaban en las páginas de los libros y que les decían cosas a los adultos. Siempre me gustó leer. Leía todo lo que llegaba a mis manos. Me gustaba leer poesía. Me gustaban los cuentos narrados en versos como los que escribo. Me encantaba la musicalidad de la rima y el ritmo de la métrica. Mi preferido fue Flor de luz de luz, de Rubén Darío. Lo leí tantas veces que me lo aprendí de memoria. Todavía me lo digo en las noches cuando no puedo dormirme. Los cuentos fueron los que me convirtieron en la niña lectora que fui y en la adulta cuentera que soy.

¿Desde qué momento sintió el deseo de plasmar sus ideas y sentimientos en poemas? ¿Alguien o algo en particular la motivó a iniciarse en la escritura?

Muchos adultos me guiaron, muchas páginas me marcaron… De niña leía mucha poesía. Las poesías que escribieron para los niños Federico García Lorca, José Martí, Rubén Darío… y poesía para gente grande cuando no encontraba otra cosa: Amado Nervo, Bécquer, Gautier Benítez, José de Diego, José Ángel Buesa… También me gustaba escribir. Era escritora de cartas y diarios. (Dice Gabriela Montes: “Uno se va cargando de lecturas y después no tiene más remedio que escribir”.) No sé cuándo empecé a escribir poemas, pero un versito que dediqué a mi abuelo apareció entre sus papeles cuando él murió. No sé qué edad tendría cuando lo escribí.

¿Qué la motivo a escribir cuentos infantiles?

Cuando me convertí en mamá quise darles a mis hijos algo que me ha hecho muy feliz: el amor a la lectura. Comencé cantándoles nanas y cancioncitas infantiles para dormirlos y de ahí nació la costumbre de hacerles o leerles un cuento cada noche a la hora de dormir. Cuando los cuentos comenzaron a hacerse escasos, empecé a escribir cuentos para ellos y sobre ellos, tal vez como una forma de conservar su niñez en el recuerdo. Por eso he dicho muchas veces que tratando de hacer a mis hijos lectores entusiastas ellos me convirtieron a mí en escritora.

¿Cómo se sintió al escribir su primer libro?

Me encantó escribirlo. Fue como un juego. Lo había planificado en la mente por algunos días. Cuando me senté a escribirlo fue como un estornudo. Fue emocionante saber que a una casa editora le pareció buena la idea de publicarlo.

¿A qué edad empezó a publicar libros?

Mi primer libro salió publicado cuando ya era una mujer grande, una mamá. Nunca pensé que me convertiría en escritora. No estaba en mis planes ni entre mis metas; no era parte de mis sueños. Todavía lo siento como una sorpresa, como un regalo de la vida.

Los libros que usted escribe, ¿se han publicado en otros países? ¿en otros idiomas? Cuente su experiencia.

Algunos se han publicado en España: Mi gorrita y Mi caballo, Puerto Rico de la A a la Z, Paseando junto a ella con Editorial Everest y Don Quijote a carcajadas con ediciones Norte en coedición con una editorial en Barcelona. Muchos otros se han publicado en Estados Unidos con Lectorum/Scholastic, Hamton-Brown, Mcmillan, McGraw-Hill. Dos amigos se publicó en México y tengo dos libros de Santillana publicados en Ecuador y dos en Chile. Ha sido interesante el reto de tratar con diferentes casas editoras. Cinco de mis libros han sido traducidos al inglés: Leyendas del Viejo San Juan, Leyendas del Oeste de la Isla y A Gabriela le encanta la escuela, Conoce a Gabriela Mistral y Conoce a Pablo Neruda.

¿De qué temas le gusta escribir o cuál le interesa más? ¿Por qué?

La verdad es que nunca había pensado en eso, pero mirando hacia atrás, hacia lo que he escrito, me doy cuenta de que me gusta escribir más sobre temas de la realidad que sobre temas fantásticos, aunque a veces añado elementos de fantasía dentro de relatos de la realidad. Me gusta escribir sobre experiencias que he vivido, sobre temas de la naturaleza, sobre cosas que he leído. Me gusta escribir sobre lo que quiero contar, lo que quiero compartir con otro, lo que quisiera defender del olvido, lo que me parece que le interesará saber a alguien más.

De los cuentos que ha escrito, ¿cuál es su favorito y por qué?

No es fácil contestar esa pregunta de la misma manera que para una madre sería difícil decir cuál es su hijo favorito. Como decía mi abuela: “¿Qué dedo de la mano escogerías como tu preferido? Es complicado escoger uno. Algunos días un libro me gusta más que los otros. A veces (dependiendo del grupo y el lugar) prefiero leer uno en especial. Disfruto mucho contando a los niños El flamboyán amarillo. Creo que es uno de los preferidos de los lectores. Sin embargo disfruté muchísimo escribiendo Pablo y su mangosta. Me identifico (soy yo misma) con la niña narradora de El mejor es mi papá y muchas veces se me forma un taco en la garganta cuando lo leo. Me encanta leerles a los chiquitos Mi gorrita y Mi caballo que nacieron de experiencias con mi hijo más pequeño. Me fascina ver la ilusión en los ojos de los niños y algunos adultos cuando les leo ¡Ya llegan los Reyes Magos!. Me encanta contarles La canasta llena de cosas del cielo a los papás y los maestros. Disfruto al ver la cara de asombro en los niños cuando les leo ¡Viva la Tortuga! y oír sus risas cuando les cuento Don Quijote a Carcajadas o su deseo de saber más cuando les cuento Don Quijote para siempre y la reacción de interés cuando les leo Julia o cualquiera de los libros de la serie “Cuando los grandes eran eran pequeños” y sospecho que comenzarán a interesarse en la buena literatura… Y podría seguir…

¿Qué experiencias de su vida diaria en la crianza de sus hijos han aportado a los temas que aborda en sus poemas infantiles?

Los primeros libros que publiqué son, eso mismo, experiencias de nuestra vida diaria que no quería que olvidáramos. El flamboyán Amarillo es una historia de una semilla que sembramos Jorge, mi hijo mayor, y yo y que se convirtió en una experiencia de amor con un final sorprendente. Mi gorrita está inspirado en una gorrita que perdimos en el mar en un viaje en lancha de Vieques a San Juan y los cuentos que me inventé por el camino para que mi hijo más pequeño, José Alberto, no llorara. Mi caballo es la historia de un caballito de palo que le hice a José Alberto cuando cumplió tres años y que se convirtió en su compañero inseparable de juegos y sueños. La niña y la estrella es la historia de una bonita experiencia que vivimos al sacar del agua una estrella de mar para enseñársela a una niña. ¡Ya llegan los Reyes Magos! narra la forma en que celebramos la víspera del Día de Reyes. Escribí Lo que le pasó a Nina cuando ya mis nenes eran grandes. Es una historia graciosa sobre algo que le pasó a la nieta de una amiga muy querida mezclada con un recuerdo de cuando yo era niña. Hay magia en la canaria se inspira en una experiencia que viví con una nieta de mi esposo (también un poco mía) y trata de lo qué pasó con unos horribles gusanos que no eran otra cosa que orugas. Los de las leyendas están inspirados en aquellas que me contaba una mi tía. ¡Viva la tortuga! surgió de una preocupación de José Alberto. La canasta llena de cosas del cielo, Pablo y su mangosta, Don Quijote a carcajadas y Don Quijote para siempre están inspirados en lecturas. (Sigo con la costumbre de querer compartir lo que leo con los niños como lo hacía con los míos.) El mejor es mi papá es un homenaje al mejor: ¡el mío! Paseando junto a ella es mi manera de explicarme y consolarme por la pérdida de la memoria de mi mamá.

Cuando escribo por encargo también un poco -o mucho- de lo que soy queda entre las líneas.

¿Qué quiere transmitir a los niños a través de sus cuentos?

Quisiera que los niños consideren la lectura como una actividad entretenida y divertida. Que entren a una librería tan felices como entran a una juguetería, que prefieran leer o que les lean un buen cuento a sentarse embobados a ver cualquier cosa en la televisión. Quisiera que descubrieran que hay magia en la naturaleza y magia en las palabras, que la literatura como cualquier otra manifestación del arte nos llena por dentro y nos hace sentir plenos.

¿Cuál es su intención al escribir cuentos con rima?

La rima era mi forma preferida de lectura cuando era pequeña. Fue lo que me atrapó para el mundo de los libros. La poesía hace que las palabras tengan magia porque tiene música y ritmo, y un lenguaje especial lleno de sensaciones, sorpresas y colores. Creo que al relacionar a los niños con la poesía se entusiasmarán con las palabras, se convertirán en lectores apasionados y recibirán todos los beneficios que la lectura ofrece incluyendo, por supuesto, el de no aburrirse jamás.

¿Por qué escribe para niños? ¿Cuándo va a escribir algo para los adultos? 

Voy a empezar por la segunda pregunta porque me llama la atención: Implica que como ya he escrito algunos libros para niños, debo estar preparada para escribir algo para los grandes. Y no es así. Hay gente que escribe para los adultos y nunca ha escrito para los niños. Saramago, premio Nobel de Literatura 1998, en su libro La flor más grande del mundo, nos dice que le gustaría escribir para los niños, pero nunca ha podido. La literatura infantil no es como muchos suponen, una sub-literatura. No es un paso para llegar a una meta. No es una literatura de mentes pequeñas para mentes pequeñas. No es una literatura menor. Es, como la de los mayores, el arte de expresar por medio de la palabra, pero para los niños. Debe regirse por las mismas reglas y contener los mismos elementos. Debe cumplir con los mismos principios aunque tiene sus propios requisitos: pocos personajes, predominio de la acción, más diálogos o narración que descripción, sentido del humor, vocabulario sencillo (pero no limitado), pensamiento ordenado y oraciones cortas (aunque depende). Dijo Máximo Golki: “Se escribe para niños igual que para adultos, sólo que hay que escribir mucho mejor”. Y es cierto. Hay que escribir mejor para que los niños tengan lecturas que disfruten y que los motiven a seguir leyendo. La literatura para niños debe deleitar, conmover, divertir, entretener… y es apta y recomendable para todo público. Es más, se dice que un buen libro para niños es aquél que complace o emociona también a los adultos.

Es para los niños para quienes quiero escribir. No lo hago como una prueba o un ensayo para pasar luego a la “verdadera literatura” -como dicen algunos- a la literatura para adultos. Los niños son mi audiencia natural. Es con los niños con los que siento necesidad de comunicarme. Es a ellos a quienes tengo algo que decirles. No sé si algún día escribiré algo para adultos, no descarto la idea, pero por el momento, no me interesa.

¿Y por qué escribo para niños?

Alguna vez dije que era escritora por casualidad: escribía cositas para mis hijos y un día por casualidad una de ellas fue publicada. Sin embargo, al escribirlo, me di cuenta de que si cambiaba la posición de la u estaría más cerca de la verdad. No creo que fue casualidad sino causalidad. Mi formación como escritora se inició en la cuna, con las nanas. Desde ese momento comenzaron a ser importantes las palabras. Tal vez comencé a relacionarlas con amor, seguridad, comodidad… Con ellas empecé a conocer a las personas que me rodeaban. Descubrí mis manos con la linda manita y aprendí a caminar mientras mi papá me decía: “Andando, andando que la Virgen te va ayudando”. Más tarde las palabras se hicieron cuentos y los cuentos se convirtieron en mi entretenimiento favorito. Tuve la suerte al tener una abuela cuentera, una tía cuentista y muchos adultos a mi alrededor que me complacían cuando les pedía que me contaran algo. Luego aprendí a leer y desde entonces no he podido dejar de hacerlo. Dijo Gabriel García Márquez: “Leer nos ha hecho lo que somos”. Y creo que sí. Creo que leer  -leer porque sí, leer con pasión, leer por leer- me convirtió en escritora. Y una frase de una de mis tías me dio el empujón: “Escríbelo, nena, para que no se te olvide.”

Mientras trataba (como quién no quiere la cosa) de convertir a mis hijos en buenos lectores ellos me convirtieron a mí en escritora, pidiéndome cuentos y más cuentos. Cuentos que no estaban publicados, que ni siquiera existían. Cuentos sobre sus experiencias, dentro de nuestro paisaje, dichos con nuestro lenguaje, enmarcados en nuestra historia. Entonces comencé a escribir para ellos. Tardé mucho en empezar a publicar. Estaba ocupada criando. Pero no perdí el tiempo, como piensan algunas personas. Estaba haciendo lo que me tocaba hacer y acumulando conocimientos, vivencias, emociones y recuerdos que luego han ido tomando forma con las palabras.

¿Qué le recomendaría a los estudiantes de Puerto Rico? ¿Qué le recomienda a los niños que desean ser escritores? ¿A las personas que quieren escribir para los niños?

La herramienta más importante de un estudiante es al lectura. No hay nada que facilite más el trabajo de la escuela que ser un buen lector. Un buen lector lee más rápido, tiene facilidad para concentrarse, para resumir, para descubrir los puntos más importantes, adquiere más vocabulario, mejor ortografía, se expresa mejor, obtiene más conocimientos generales. ¿Y qué hay que hacer para ser un buen lector? ¡¡LEER!! Y ¿qué hay que hacer para ser un buen escritor? Coincido con lo que dicen muchos autores: Hay que leer, leer, leer. Hay que leer buena literatura, buenos autores; son los mejores maestros. Leer es muy beneficioso y, de paso, también puede ser entretenido y divertido. Es mi pasatiempo favorito.